La magia del color

Resulta curioso que, viviendo los últimos ocho años en distintas ciudades europeas, continúe yo aferrada a la magia del color. Parece como si México influyera en el cromatismo de sus artistas. Los colores tienen, por sí mismos, expresividad propia, auténtica emotividad materializada.

El llegar, a través de diferentes estímulos, a un tema único cuyo valor emotivo sólo existe para mí misma, empleando los medios de este oficio para dar forma a ese sentimiento interior e incomunicable, es un extraño proceso exterior cuyo origen es irracional e instintivo y que conduce y se resuelve, finalmente, en la obra, en lo que cada cuadro es por sí mismo.

Vuelven los signos, los ideogramas y pictogramas, vuelvo inconscientemente a mis raíces, a ese mundo mítico y primigenio de cosas, seres y vegetales donde se hallan vinculados el nacer y el perecer, el principio y el fin de todo ser terrenal; la abstracción y la figuración en composiciones apoyadas en los pesos y contrapesos del color y de las formas en juego.

Puede ser arriesgado utilizar una paleta de altos contrastes lumínicos con libertad absoluta, despojarme de cualquier elemento ornamental y evadir modas y tendencias; pero, después de todo, no existe otra pretensión que mi deseo de llegar a hacer “buena pintura”.

Madrid, abril de 2006